lunes, 3 de febrero de 2025

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viernes, 29 de noviembre de 2024

Trabajo crea un permiso pagado de hasta cuatro días para catástrofes climáticas

Yolanda Díaz ha impulsado este nuevo derecho para situaciones como la DANA, que permitirán faltar al trabajo con el 100% del salario, junto con otras medidas que se prevén aprobar este jueves


El Gobierno tiene previsto aprobar este jueves un nuevo permiso laboral retribuido de “hasta cuatro días” para situaciones de catástrofes climáticas, informan en el Ministerio de Trabajo a elDiario.es. Se trata de un nuevo derecho para ausentarse del trabajo con el 100% del salario a cargo de la empresa que ha impulsado la vicepresidenta Yolanda Díaz para que esté garantizado de manera estable en la legislación ante posibles emergencias meteorológicas como la DANA en la Comunitat Valenciana, para la que el Gobierno ha regulado unos permisos de ausencia extraordinarios.

El decreto que pretende aprobar este jueves el Consejo de Ministros, con más ayudas para paliar la catástrofe en la Comunitat Valenciana, como anunció este miércoles Pedro Sánchez, incluye además nuevos derechos laborales para el largo plazo, con la mirada puesta en futuras emergencias climáticas.

En primer lugar, este nuevo permiso laboral se incorporará al artículo 37.3 del Estatuto de los Trabajadores, que regula permisos retribuidos como los cinco días por enfermedad grave u hospitalización de familiares, así como los 15 días por matrimonio, entre otros.

En concreto, se reconocen “hasta cuatro días” de permiso pagado para las situaciones en las que no sea posible llegar al trabajo por limitaciones de desplazamientos por parte de las autoridades o por riesgo grave e inminente, incluidas las situaciones derivadas de una catástrofe o fenómeno meteorológico adverso.

En los casos en que sea posible el teletrabajo, la empresa podrá establecer el trabajo a distancia, indican en el Ministerio de Díaz, cumpliendo con las obligaciones previstas por ley y, en particular, el suministro de los medios y equipos para el desarrollo de la actividad.

Tras los cuatro días, ERTE por fuerza mayor

Transcurridos los cuatro días de “permiso climático”, como los denominan en el Ministerio de Trabajo, este se podrá prolongar hasta que desaparezcan las circunstancias que lo justificaron, aunque las empresas tendrán la posibilidad de aplicar un ERTE por fuerza mayor para dejar de pagar los salarios y que sea el Estado el que asuma el pago de las prestaciones a la plantilla.

En Trabajo destacan la relevancia de reconocer este derecho de ausencia de manera estable, para que los trabajadores y trabajadoras conozcan con antelación sus derechos de cara a una posible emergencia meteorológica.

El “permiso climático” de hasta cuatro días es algo menos extenso en sus ausencias justificadas que el regulado de forma urgente por la DANA de la Comunitat Valenciana. En este se regularon varias situaciones muy específicas, como el derecho a faltar al trabajo para buscar familiares desaparecidos, atender labores de limpieza del domicilio habitual y para el cuidado de familiares, entre otras.

Hay que negociar protocolos para prevenir

El Ministerio de Trabajo también ha incluido algunas medidas más en el decreto que se aprobará este jueves, para ampliar la prevención y la seguridad laboral frente a las alertas meteorológicas, cada vez más frecuentes por el cambio climático, recuerdan en el departamento de Yolanda Díaz.

Así, se establece una nueva obligación de que la negociación colectiva negocie “protocolos de actuación” con medidas de prevención de riesgos “frente a catástrofes y otros fenómenos meteorológicos adversos”. Un mandato que alcanzará a “todos los convenios colectivos”, indican en Trabajo, y que permitirá que las plantillas y las empresas tengan claro cómo hay que actuar si acontece una emergencia de este tipo.

Además, el Ministerio que dirige Yolanda Díaz se compromete a regular en un plazo de doce meses un reglamento “sobre la protección de las personas trabajadoras frente a los efectos del cambio climático en el ámbito laboral”.

Este lo publicó, este se querelló... ¡y este juececito lo imputó!

Es una división del trabajo precisa y eficaz, cada uno en su puesto: medios, políticos, denunciantes y jueces. Se consigue una acumulación de noticias, querellas, citaciones, imputaciones, donde todo se mezcla, todo se confunde, y todo suma para la causa: derribar al gobierno


“No hay tregua. Todos los días un escándalo, una citación en un juzgado, una imputación”. Nadie mejor que Núñez Feijóo para definir la estrategia de acoso y derribo político-mediático-judicial contra el Gobierno. La cita anterior es suya, este jueves ante un auditorio empresarial. Pretendía subrayar lo insostenible de la situación, pero el subconsciente le traicionó y acabó desvelando la estrategia: sin tregua. Cada día un escándalo. Cada día una citación judicial, cada día una imputación. De eso se trata. Que el ritmo no pare.

Llevamos meses asistiendo a la misma secuencia, siempre con los mismos protagonistas: la prensa de derechas, organizaciones ultraderechistas (Manos Limpias, Abogados Cristianos, etc), parlamentarios de PP y Vox, y unos cuantos jueces. Unos publican una información escandalosa sobre el gobierno o la familia del presidente; otros recortan la noticia y van con ella al juzgado; otros lo menean en sesiones de control y comisiones de investigación; y por fin un juez admite la querella, abre investigación, cita testigos, y acaba imputando. Misión cumplida.

¿Está claro? Si alguno no lo entiende, prueba a explicárselo con los cinco dedos de la mano, siguiendo el cuento infantil de “este cogió un huevo…, este lo frio…, este le echó sal…”. Venga, prepara la mano y ve sacando dedo a dedo, empezando por el meñique: “este publicó un bulo…, este se querelló…, este admitió la querella…, este preguntó en la sesión de control…, y este juececito… ¡lo imputó!”

Es una división del trabajo precisa y eficaz, cada uno en su puesto, movimientos sincronizados, relojes en hora, como una banda de atracadores: tú al periódico, tú al juzgado, tú al parlamento… Se consigue una acumulación de noticias, declaraciones, querellas, citaciones, nuevas líneas de investigación, nuevas citaciones de testigos, imputaciones, donde todo se mezcla, todo se confunde, y todo suma para la causa: la mujer del presidente, el hermano del presidente, el ministro, el secretario de organización, las bolsas de dinero, el avión venezolano, el fiscal general, el líder madrileño… Mezclando, confundiendo y sumando casos muy graves (Ábalos-Koldo-Aldama y alrededores) con nimiedades, denuncias cogidas con alfileres, acusaciones sin pruebas o directamente bulos.

Así una semana y otra, un caso tras otro, para lograr ese efecto bola de nieve, corrupción total, o “situación límite, la mayor degradación de la política española desde la Constitución”, dicho otra vez por Feijóo el memorioso, que se ve que no había nacido cuando los últimos gobiernos de González, y la Gürtel le debió de pillar sin cobertura.

Quienes conocieron a Feijóo en su hábitat natural, Galicia, cuentan que así fue como desgastó al gobierno de PSOE y BNG dos décadas atrás: a golpe de bulo, escándalo y denuncia, apoyándose en los medios afines y los jueces. Un día tras otro durante cuatro años. Luego todo quedó en nada, pero la estrategia funcionó y Feijóo ganó la Xunta.

No sé si le acabará funcionando también ahora, pero hay algo que ya ha conseguido: que no haya nada más, que vivamos todos dando vueltas al ritmo que marca su tam-tam. El gobierno dedicando todo su tiempo y energías a defenderse, la oposición atacando a tiempo completo, las portadas y telediarios apenas hablando de otra cosa, y la ciudadanía agotada o enfurecida, rindiéndose o eligiendo trinchera, mientras todo está por hacer. Socorro.

¡Nos comerán!

Un día reivindican el franquismo como un tiempo de “progreso y reconciliación” y al siguiente increpan a una diputada de Podemos. Es lo último de la semana, pero ha habido, desde que llegaron a la arena política, infinidad de gestos y expresiones que asustan. Mucho. Lo suyo es el lenguaje soez, insultante, de macarra de discoteca, intimidatorio y siempre violento. Lo esparcen entre las paredes del hemiciclo y, luego, lo vomita su clac en las redes sociales.

Hablamos de Vox, claro. Ya saben, para el diputado ultra Manuel Mariscal: “Gracias a las redes sociales, muchos jóvenes están descubriendo que la etapa posterior a la Guerra Civil no fue una etapa oscura como nos vende este Gobierno, sino una etapa de reconstrucción, de progreso y de reconciliación para la unidad nacional”. Nunca antes se había hecho en democracia, y en sede parlamentaria, una apología de la dictadura tan explícita. Nunca antes se había escuchado semejante dislate en favor del patio infecto en que se han convertido las redes. Y nunca antes tanta expresión gruesa y tanto desprecio habían llegado en este país a colapsar la verdad y la convivencia democrática. Está pasando. Y están, como bien avisa, Gabriel Rufián, “envalentonados como nunca”.

“Si no ponemos pie en pared, nos van a comer”, alertó este jueves el portavoz de ERC a la presidenta de la Cámara, Francina Armengol, para llamar la atención después de que otro ultra, Pedro Fernández Hernández, hubiera gritado “tómate la pastilla” a la parlamentaria de Podemos Martina Velarde cuando esta acababa su intervención en la tribuna para rechazar una propuesta de Vox en la que pedía derogar la Ley de Memoria Democrática.

Especial relevancia tuvo también el gesto de la portavoz del PP, María Jesús Moro, quien quiso, con la mano puesta en su corazón, expresar su sincero apoyo a Velarde: “Martina, todo mi apoyo y consideración para ti y para todas las mujeres porque no vamos a tolerarlo”. Palabras que fueron aplaudidas a ambos lados del hemiciclo, también por los diputados de Podemos y que también ponen de manifiesto que no toda la derecha está por la labor de arredrarse, ni de callar, ni de sucumbir a tanta indignidad.

Moro ha sido en todo este tiempo una digna excepción de la derecha del PP, que desde que llegó Vox se ha sumado a sus guerras culturales, ha copiado sus discursos, ha emulado sus formas y ha asumido algunas de sus políticas más reaccionarias. Sin la complicidad, el silencio y los acuerdos de gobierno que los de Feijóo han firmado con los ultraderechistas, hubiera sido imposible llegar hasta donde hemos llegado.

No estamos ante la lógica de una confrontación ideológica sino ante un reñidero en el que toda opinión diferente se combate con la permanente demonización y deslegitimación del adversario y un aumento de la violencia política y digital que cualquier día nos dará un disgusto del que todos nos lamentaremos. Pasará en el Parlamento o en la calle, pero el ambiente tóxico que desprende la conversación pública emite señales mucho más que preocupantes. Y, entonces, cuando ocurra, muchos, también los que han contribuido a ello, por acción u omisión, se preguntarán cómo y por qué fueron capaces de mirar hacia otro lado y de llegar a extremos tan abyectos como los que escuchamos a diario, y no sólo en boca de los líderes políticos. También en las radios, en las televisiones y en los medios digitales.

La derecha tradicional es cómplice, es responsable y llegará un día en el que Feijóo, por seguir los pasos que le marca el sector más ultra de su partido, no se reconozca en el espejo. O sí, porque quizá tengan razón los que sostienen que todo este lodazal de agresividad en el que chapotea junto a los de Abascal fue siempre su verdadera zona de confort. Alguien debería recordarle que el odio casi siempre es la antesala de la violencia y que esta ya asoma en algunas de sus múltiples versiones. La machista, desde luego, aunque la nieguen sus socios. La digital, contra la que deberían adoptarse con urgencia políticas públicas, por supuesto.

Y, sí, a este paso, si nadie dice ¡basta!, nos comerán.


lunes, 16 de septiembre de 2024

Por qué, a pesar de lo que predican, los partidos de extrema derecha en Europa están en contra de los trabajadores

El análisis de los patrones de voto de los grupos de extrema derecha en ocho cuestiones estrechamente relacionadas con el bienestar de los trabajadores, como los salarios y los impuestos, demuestra que su retórica es hueca

En Estados Unidos y Europa, la extrema derecha se presenta a menudo como la defensora de los derechos de los trabajadores, la representante de los “olvidados” o de los “que han quedado atrás” en la era postindustrial. Argumentan que los votantes de clase trabajadora se están alineando masivamente con la extrema derecha porque “la izquierda” les ha traicionado. Además, se afirma que los partidos de extrema derecha se han desplazado hacia la izquierda en cuestiones socioeconómicas como los derechos laborales y han ocupado el espacio de los partidos socialdemócratas como los “nuevos partidos de la clase obrera”.

Este discurso ha calado, incluso entre las élites socialdemócratas de Europa. Sin embargo, lo cierto es que los trabajadores no están apoyando en masa a los partidos de extrema derecha, sino más bien a la derecha dominante y a los verdes. Y ahora, el estudio que acabamos de publicar demuestra que, aunque los partidos de extrema derecha hayan adoptado cierta retórica que tradicionalmente era de izquierdas, siguen apoyando políticas e iniciativas legislativas de derechas que son perjudiciales para los trabajadores.

Hemos analizado los patrones de voto de los grupos de extrema derecha en una serie de cuestiones socioeconómicas. En concreto, nos fijamos en los dos grupos de extrema derecha del Parlamento Europeo saliente (2019-2024): el grupo Identidad y Democracia (ID), ya disuelto, que incluye a la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, y los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), dominados por el partido de la primera ministra italiana Giorgia Meloni, Hermanos de Italia. También hemos analizado las iniciativas legislativas del partido Fidesz de Viktor Orbán en Hungría, que está a la cabeza de los nuevos Patriotas por Europa (PfE), el grupo que se formó este verano como sucesor no oficial del ID tras las elecciones europeas.

Nuestro análisis examinó los votos de todos los partidos de extrema derecha en ocho cuestiones relacionadas con los derechos de los trabajadores, entre ellas el pago a los trabajadores de un salario mínimo adecuado, la garantía de transparencia salarial, la oferta de períodos de prácticas de calidad y el establecimiento de un impuesto mínimo para las empresas multinacionales pactado a nivel mundial.

El análisis, realizado para el Instituto Sindical Europeo, muestra que, contrariamente a lo que la extrema derecha nos quiere hacer creer, y a lo que efectivamente cada vez se cree más, sus patrones de voto sobre las directivas de la UE propuestas no indican un posicionamiento favorable a los trabajadores en cuestiones socioeconómicas, y mucho menos un posicionamiento de izquierdas. Más bien al contrario: en prácticamente todas las ocho cuestiones que hemos examinado, el comportamiento de voto de la extrema derecha sugiere un posicionamiento indiferente, cuando no directamente hostil, hacia los derechos de los trabajadores. Un ejemplo llamativo es el claro rechazo a la transparencia salarial y la oposición a una directiva de la UE sobre salarios mínimos dignos y suficientes, principalmente entre los miembros del grupo ID.

Por otra parte, hemos constatado diferencias sustanciales en los patrones de voto de los partidos de extrema derecha, en marcado contraste con la disciplina de voto de otros grupos políticos en el Parlamento Europeo. Mientras que la mayoría de los grupos políticos votan casi unánimemente en cuestiones socioeconómicas, los dos grupos de extrema derecha (en particular el ECR) suelen estar bastante divididos.

Por ejemplo, sobre las propuestas de un tipo mínimo del impuesto de sociedades en toda la UE, que apoyó el 92% de los eurodiputados, los de ID y ECR se mostraron muy divididos. Mientras que tres partidos de ID votaron en contra de la directiva, entre ellos Alternativa para Alemania (AfD), tres votaron a favor y dos se abstuvieron. En el ECR, la mitad de sus 10 partidos de extrema derecha votaron en contra, cuatro se abstuvieron y sólo uno votó a favor.

La escasa disciplina de voto dentro de los grupos indica que las cuestiones socioeconómicas no son un tema central para la extrema derecha. Curiosamente, el comportamiento general de voto de Fidesz en Hungría no encajó en ninguno de los grupos, y en general fue ligeramente menos reacio que otros partidos de extrema derecha a la idea de establecer un impuesto mínimo para las multinacionales en toda la UE.

Llama la atención que los partidos de extrema derecha del sur de Europa, como la Liga (ID), los Hermanos de Meloni de Italia y la Solución griega (ECR), hayan tenido un voto menos hostil en cuestiones que favorecen los derechos de los trabajadores que sus pares en el norte de Europa. Los Demócratas Suecos, el Partido Popular Conservador Estonio y el Partido Popular Danés han tenido un voto más hostil, sin duda en contra de los sólidos derechos de los trabajadores que ya existen en sus países.


Aunque nuestro estudio evidencia que el ECR pone más el foco en cuestiones socioeconómicas que los miembros del ID, la gran diferencia en los patrones de voto de los partidos de extrema derecha, así como su escasa disciplina de voto, confirman que los derechos de los trabajadores no son una prioridad en su agenda. Esto contrasta con cuestiones que sí son prioritarias y centrales en su agenda y discurso, como la migración y las peticiones de asilo. Ambos grupos apelan de forma unánime a una “fortaleza europea” que pueda frenar la llegada masiva de migrantes y solicitantes de asilo.

En resumen, aunque la extrema derecha afirme defender los derechos de los trabajadores con una retórica cada vez más “de izquierdas”, lo cierto es que se constata, al analizar su patrón de voto, que siguen socavando sus derechos. Nuestra investigación no sólo demuestra que la imagen de la extrema derecha como defensora de los trabajadores es generalizadora en el mejor de los casos, y errónea en el peor; también nos recuerda que no sólo debemos fijarnos en lo que dice la extrema derecha, sino también, y lo que es más importante, en lo que hace. Y no cabe duda de que la extrema derecha ataca a los trabajadores, y que está escorada a la derecha no solo en materia de asilo e inmigración sino también en cuestiones socioeconómicas.


Cas Mudde es profesor de la cátedra Stanley Wade Shelton UGAF de Asuntos Internacionales en la Universidad de Georgia, Estados Unidos, y autor de La ultraderecha hoy. Gabriela Greilinger es estudiante de doctorado en la Universidad de Georgia.

Traducción de Emma Reverter

viernes, 9 de agosto de 2024

LOS PLAZOS EN EL PROCEDIMIENTO DE CONTRATACIÓN ABIERTO.

LOS PLAZOS EN EL PROCEDIMIENTO DE CONTRATACIÓN ABIERTO.

Los plazos en el procedimiento de Contratación Abierto. Distintas fases.


Presentación ofertas:

En los procedimientos abiertos sujetos a regulación armonizada: el plazo para presentar proposiciones no será inferior a 35 días naturales desde publicación anuncio (artículo 156.2 LCSP). Si se acepta presentación electrónica se podrá reducir a 30 días (artículo 156.3 LCSP).

En el resto de abiertos: el plazo no será inferior a 15 días naturales, contados desde el día siguiente a la fecha de publicación del anuncio (artículo 156.3); en lo de obras en concreto tendrán que mediar 26 días naturales (artículo 156.4)

Apertura por la mesa de proposiciones:

Plazo máximo de 20 días naturales desde la fecha de término de presentación de ofertas. El plazo se entenderá cumplido cuando se haya abierto el primero de los sobres o archivos electrónicos que componen la proposición (artículo 157.3).

La apertura del sobre de oferta económica se hará en acto público salvo cuando se prevea se puedan emplear medios electrónicos (artículo 157.4).

Adjudicación (artículo 158):

Si el único criterio de selección es el precio: plazo máximo de 15 días naturales desde el día siguiente a la apertura de proposiciones.

Si hay pluralidad de criterios o uno único que sea el de menos coste del ciclo de vida: plazo máximo de dos meses a contar desde el día siguiente a la apertura de proposiciones salvo que se hubiera establecido otro plazo en el Pliego de Cláusulas Administrativas.

Si hay varias aperturas independientes de sobres o archivos electrónicos, el plazo se computa desde la apertura del primero.

Estos plazos se ampliarán 15 días más en el caso del 149.4 de la LCSP ( se incurra en baja anormal y desproporcionada y haya que acudir al trámite de justificación de la misma).

La consecuencia del incumplimiento de estos plazos en la adjudicación es que el licitador tiene derecho a retirar su oferta y a la devolución de la garantía provisional si existe.

Documentación justificativa tras adjudicación (artículo 150):

Se requerirá al licitador que haya presentado mejor oferta para que en el plazo de 10 días hábiles a partir del día siguiente al requerimiento, para que presente la documentación justificativa (de los requisitos previos, artículo 140.1 a, b, y c) y para constituir la garantía definitiva, si la hubiera. Se adjudicará el contrato en los 5 días hábiles posteriores a la recepción de dicha documentación.

Resolución y notificación de la Adjudicación (artículo 151):

Deberá ser publicada en el perfil del contratante en el plazo de 15 días naturales e indicarse en la misma los recursos posibles y el plazo en que deberá formalizarse el contrato. Deberá notificarse por medios electrónicos.

Formalización de los Contratos (artículo 153):

Si el contrato es susceptible de recurso especial, la formalización no podrá efectuarse antes de que transcurran 15 días hábiles (que es el plazo para interponer el recurso) desde la notificación de la adjudicación. Una vez transcurrido dicho plazo, se requiere al adjudicatario para que firme el contrato en los 5 días naturales al siguiente a ser requerido para ello.

En los restantes casos, la formalización del contrato deberá efectuarse no más tarde de los 15 días hábiles siguientes a aquel en que se realice la notificación de la adjudicación.

Si por causas imputables al adjudicatario no se formaliza el contrato en plazo, se le adjudicará al siguiente licitador por el orden en que hubieran quedado las ofertas.

Anuncio formalización de los contratos (artículo 154):

En un plazo no superior a los 15 días naturales tras el perfeccionamiento del contrato en el perfil del contratante. Si el contrato está sujeto a regulación armonizada deberá publicarse también en el “Diario Oficial de la Unión Europea”.

La adjudicación de los contratos basados en Acuerdos Marco, ya perfeccionados, se publicará trimestralmente dentro de los 30 días naturales siguientes al final de cada trimestre.

martes, 2 de julio de 2024

Ustedes perdonen. Votan ultra porque les gustan los ultras.


Nos abruma Francia, nos abruma Estados Unidos. Cada voto a Marine Le Pen, y son muchos millones, ya lo han visto, es una pequeña herida en nuestra conciencia de demócratas. Ahí tienen los resultados de las elecciones francesas, victoria histórica de la ultraderecha. Habrá que esperar al domingo próximo, porque el Nuevo Frente Popular aguanta. Empieza ahora el frenesí de las alianzas. ¿Dónde se situará Macron, por ejemplo? Lo dicho, a esperar. Pero vayamos un poco más allá. Ya sabe el Ojo que la moda es culpar a los partidos actuales, a los políticos que rigen los países europeos de este auge de la extrema derecha. No han hecho nada, son unos inútiles y bien merecido se lo tienen. Pero es una tesis de vuelo más bien gallináceo. Porque si uno está en contra de la política tan de derechas de Macron, caso que nos ocupa, lo lógico sería votar a algún partido de izquierda, el revés de la trama, que en ningún mapa del comportamiento electoral está señalado que haya que votar, ay, qué dolor, a la extrema derecha reaccionaria y xenófoba de la Agrupación Nacional. Eso van a hacer, por ejemplo, en el Reino Unido, donde el moderadísimo laborismo parece una guerrilla revolucionaria frente a un partido conservador echado al monte de la locura.

Para clarificar el panorama. Los franceses que han votado Le Pen es porque quieren Le Pen, no porque odien a Macron, a Bruselas o a la Agenda 2030, que se supone que también. ¿Suena feo? Pues qué le vamos a hacer. Quiero decir que quien elige la papeleta de Vox es porque le gusta Abascal, aplaude sus políticas deleznables y es tan reaccionario como él. Porque en el colegio electoral puede optar entre izquierda o derecha, más o menos moderada, pero se decanta por la extrema derecha pura, dura y vociferante. Grita el gran hombre las barbaridades que nos esperan si gobiernan, y a sus votantes les encanta el plan. Y no hablemos de los 800.000 de Alvise. La culpa, digámoslo, no es de Sánchez ni de las feministas ni de Podemos. La razón de esa deriva se encuentra en este neocapitalismo feroz que nos come, embutido en unos medios y unas redes sociales aberrantes, que nos conduce a la irracionalidad de votar a los enemigos de la inteligencia y los sentimientos decentes.

Ocurre también en Estados Unidos. ¿Alguien duda de que Joe Biden es un político honesto, que cree en la justicia social, que ayuda a los sectores más desfavorecidos, y que así lo ha demostrado durante los años de su gobierno? Por el contrario, ¿hay alguien en la sala que no sepa que Trump es un dirigente soez, estrafalario, mentiroso, que va a apoyar sólo a los ricos, que va a acabar con cualquier atisbo de política de entendimiento, interna y externa? Mismo razonamiento que el anterior: le votan porque les gusta, porque son tan cafres como el magnate que produce bulos como una metralleta y a los que no afecta que sea un tipo condenado por varios delitos un tanto repugnantes. Ya, ya se sabe que hemos visto a un Biden terrible en el debate de la CNN. Ésa es otra discusión y nos lleva a la incomprensión, al menos desde esta pequeña atalaya española, de entender cómo es posible que un país como Estados Unidos, más de 330 millones de habitantes, primer PIB del mundo, sea incapaz de encontrar unos candidatos mejores para presidir su país que a un energúmeno como Trump y a un anciano doliente como Biden.

Pero volvamos a los motivos de tanto voto ultra. Sería de mucho mayor provecho que los intelectuales que se ocupan de la cosa pública estudiaran de verdad cómo funcionan esos métodos de alienación, descubrieran qué busca el votante en el triunfo de esos ultras a los que vota, qué espera que le proporcionen, bienes materiales o inmateriales, a él y a los suyos, en lugar de culpar una y otra vez a los demócratas liberales o a los socialistas por serlo. Las políticas de las socialdemocracias durante las décadas que siguieron a la II Guerra Mundial sacaron de la miseria a millones y millones de europeos, masacrados por esa barbarie que desató aquel ultraderechista, Adolf Hitler, de tan odioso recuerdo, pero votado por los alemanes, como recordarán, secundado por Mussolini, Franco o Salazar, a los que esos nuevos votantes quieren retirar ahora, cuando menos, del museo de los horrores. Hoy mismo la sociedad europea, desgracias y agravios evidentes, ofrece un mundo bastante decente a sus ciudadanos. ¿Errores de Bruselas? ¿Fallos en Francia, España, Italia, Alemania en política de juventud, empleo, vivienda? ¿De igualdad social? Claro. Y es obvio que los partidos establecidos deben redoblar sus esfuerzos. Aquí ya lo hemos dicho hasta que se nos ha caído la lengua al suelo de tanto repetirlo. Pero hagan el favor de retirarse al rincón de pensar un momento, si es que saben hacerlo y cuentan con dicho refugio, y díganme qué soluciones de verdad ofrece esta ultraderecha que nos agobia a esos problemas reales. ¿Echar a los extranjeros que cuidan a nuestros niños o ancianos y friegan nuestros suelos? ¿Desregular los mercados financieros? ¿Fomentar la competencia de salvajes capitalistas, te devoro porque puedo, te echo de tu barrio porque tengo dinero para comprar tu casa? Mejor los colegios para los curas y las monjas, las clínicas para las multinacionales, hágase usted un plan de pensiones con ese banco que tanto le quiere. Entonces, una vez más, ¿por qué les votan? ¿Dónde están las claves? Y no, no quiero oír de nuevo la cantinela del desencanto. Nadie, absolutamente nadie, le obliga a usted a votar a Vox. Si lo hace, es porque esa es su santa voluntad, no culpe a Óscar Puente ni a Yolanda Díaz. ¿Está usted en su democrático derecho de hacerlo? Pues claro, faltaría más. Pero entonces, las reclamaciones al maestro armero.

¿Tiene el Ojo el día teórico? Pues sí, ¿pasa algo? Pero si no les gusta, podemos bajar al barro cotidiano y hablar, qué pereza, del Consejo del Poder Judicial o de esa madeja imposible de desenredar que es la política en Cataluña. Del primer caso, destacar algún aspecto gracioso, como esa dicotomía de la derecha, y la prensa a su servicio, mande usted, don Alberto, o doña Isabel, que de todo hay, que afirma al tiempo que Sánchez es un malvado y maquiavélico dictador, sátrapa, dicen, que quiere nombrar sólo a jueces de su cuerda, y al tiempo es el ingenuo bobón al que Feijóo ha embaucado como a un tonto de capirote, te hemos engañado como a un chino, que dicen ellos, siempre tan respetuosos con las minorías. ¿Verdad que es divertido ver los equilibrismos de los señoritos, cuando en verdad lo que ha ocurrido es que Pedro Sánchez dijo o firman ustedes o me hago un rosario con sus dientes de marfil? Y el líder del PP vino, firmó y rubricó. Se acabaron cinco años de boicot insultante. Quizá habría que deducir de este sucedido que Feijóo ha entendido, la vida es dura, que hay Sánchez para rato y a lo mejor conviene modular la oposición.

Cuentan que Núñez quiso también sacudir un sopapo a su queridísima amiga y compañera de partido Isabel Díaz Ayuso, conocida en las terrazas madrileñas como la reina del vermú, opuesta notoriamente a la firma, que de pura embriaguez de autoconfianza protagonizó esa misma semana la patochada de la medalla a Milei, qué risa, cómo hemos visto hacer el ridículo a politiquitos y empresarios de medio pelo, que se creen las bobadas, o maldades, como quieran calificarlas, de ridículos gurús de ridículas fundaciones ultraliberales, engrasadas, eso sí, con abundantes miles y miles de euros de ignota procedencia. Ya saben, lo explicaba Don Mendo, que las siete y media es juego vil, que el no llegar da dolor, más ¡ay si te pasas! ¡Si te pasas es peor! Para hacer tales astracanadas y ganar el envite tienes que haber logrado antes dos cosas importantes. La primera, contar con la confianza y el apoyo de tus pares y, en segunda, tener en la lona al enemigo al que quieres derribar. Ni una ni otra. Dista mucho Ayuso de contar con la adhesión de los otros jefes de su partido, y Feijóo todavía es demasiado enemigo para la pizpireta chulakari. Sonoro, estrepitoso el fracaso. Eviten a este plumilla referirse a defraudadores a Hacienda y otros especímenes de la fauna que rodea a la interfecta.

Y qué decir de Cataluña. Por lo pronto, y como se esperaba, la rebelión del Supremo, –¡ah, los amigos Llarena y Marchena, carne de nuestra carne!– para negar la amnistía a Puigdemont y otras decisiones de similar empaque. Ya leerán aquí las doctas palabras sobre estos desmanes judiciales de Pérez Royo, Martín Pallín o Urías, siempre por encima de las consideraciones que pueda hacer el Ojo. La guerra anunciada, esa es la baza jugada a fondo por el PP, ya está encima de la mesa. A bayoneta calada. Estamos en los inicios de un enfrentamiento brutal, en el que quizá tenga que intervenir Europa. Mientras, los partidos independentistas van a su aire, como si vivieran en un mundo paralelo. Esquerra sigue en su laberinto y Junts allí, al fondo, agazapado a la espera de no se sabe qué giros del destino. Veremos qué sale de esos encuentros entre Puigdemont y Junqueras. ¿Illa o nuevas elecciones? El Ojo, como todo el mundo, nada sabe y sólo puede apostar, pura osadía: Illa, president, apoyo externo de Esquerra y bronca monumental con el PP por la financiación.


Queda, en este repaso semanal, mencionar, aunque sólo sea de pasada, esa esperada catarata de regeneración democrática, en especial la dedicada a los medios de comunicación, que conoceremos en su integridad el próximo día 17. ¿Cuesta al Gobierno hacer una cosa sensata? Pues ya verán venderla.

Adenda. Erramos mucho. Y también en cómo atajar la llamada violencia de género. Qué horror de fin de semana, mujeres y niños asesinados por hombres enloquecidos. Algo funciona mal, muy mal, porque alguna de las víctimas ya había denunciado a su pareja. Para frenar este desastre no nos pueden faltar medios ni dinero. Este país, nos dicen las macrocifras, va como un tiro. Que se note. Y por favor, callen la boca los gobiernos autonómicos del PP con Vox, tan distantes y mezquinos ante tanto dolor. Vergüenza da oír o no ver a los cargos electos de Vox en las muestras de condena. Volvemos a lo mismo: ¿por qué carajo les ha votado usted?